Hablar de acompañamiento cristiano es hablar del cuidado que Dios tiene de toda la humanidad. En este sentido, el acompañamiento no es sólo una acción social, sino una forma de vida espiritual que significa vivir para los demás. Se trata de acompañar la vida de las personas, especialmente las que sufren pobreza, deshumanización o exclusión, las más queridas por Dios.

A lo largo de los 75 años de vida de la HOAC en la diócesis de Orihuela-Alicante (que celebramos este año), la experiencia vivida por la militancia hoacista, ha supuesto sentirnos acompañados al ponernos en la piel de la otra persona, estableciéndose una relación mutua que llega a ser de plena comunión.

El acompañamiento es una dimensión esencial de la Misión de la HOAC en el mundo obrero (M.O.), al cual hemos sido enviados a evangelizar y ser evangelizados. Este acompañar cobra su verdadero sentido cuando nuestras vidas se encarnan en las realidades del M.O. empobrecido, siendo capaces de ir al encuentro de esas personas concretas para compartir y sostenernos mutuamente.

En la Campaña en la que la HOAC está trabajando durante el bienio 2025-2027 (“Cuidar el trabajo, cuidar la vida”), propone, entre otras cosas, escuchar experiencias y sufrimientos de las personas frente a la precariedad, o la falta de derechos que se les han arrebatado.  Así como analizar juntos y juntas estas realidades desde el Evangelio y la DSI.

Acompañarnos y ser acompañados es compartir la vida, lo que somos y queremos ser, compartir bienes, tiempo, dinero y, sobre todo, compartir la acción, que es un modo de búsqueda, de transformación de las estructuras de pecado que generan exclusión y sufrimiento, de búsqueda de condiciones de vida dignas, así como camino de humanizar la sociedad. Es caminar juntos y juntas en comunidad, frente al individualismo que impera mayoritariamente en nuestra sociedad. Acompañarnos es un modo de Sinodalidad, para vivir juntos y juntas lo que nos propuso el Papa Francisco en el Proceso Sinodal abierto.

En la HOAC vivimos históricamente el acompañamiento como camino de espiritualidad cristiana y no como técnica política, social o ideológica. Nuestra vivencia del acompañamiento está sostenida desde procesos de formación fe-vida y desde la triple fidelidad a Jesucristo, su Iglesia y el M.O. empobrecido al que hemos sido enviados a evangelizar y ser evangelizados.

El Papa Francisco nos decía que para hacer posible este acompañamiento “la iglesia tendrá que iniciar a sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas, en este arte del acompañamiento, para que todos aprendamos siempre a quitarnos las sandalias ante la tierra sagrada del otro” (cf.Ex 3-5).

Esta es una responsabilidad de toda la iglesia, que significa poner a la persona en el centro de la vida en todos los órdenes. Esto sólo es posible acompañándonos unos a otros.