La histórica Capilla de la Comunión de la parroquia de las Santas Justa y Rufina, en Orihuela, vuelve a brillar tras la finalización de unas obras que eran de extrema urgencia. Durante más de diez años, la cúpula de esta hermosa capilla tuvo que estar apuntalada (apeada) para evitar un posible derrumbe, lo que provocó su cierre indefinido a los fieles. Hoy, gracias a una cuidada y profunda intervención arquitectónica, el peligro ha quedado atrás.

El problema principal que amenazaba al edificio residía en el tejado. A lo largo de las últimas décadas se habían ido añadiendo rellenos sobre la cubierta exterior de la cúpula que le aportaron un peso excesivo. Esta pesada carga fue la causante de una enorme grieta que atravesaba la bóveda de este a oeste, rompiendo su equilibrio natural. Para solucionarlo, los especialistas retiraron todo ese sobrepeso exterior y reconstruyeron el tejado utilizando tejas cerámicas tradicionales. Al mismo tiempo, las profundas grietas se rellenaron y "cosieron" de forma segura empleando materiales respetuosos con la historia del templo, como morteros de cal tradicional y modernas varillas de fibra de vidrio.

Pero la intervención no se ha limitado a salvar la estructura. Antes de empezar, se protegió cuidadosamente el retablo mayor y el valioso suelo histórico de mosaico Nolla. Tras asegurar los muros, los restauradores limpiaron a fondo el polvo y la suciedad que el retablo y las paredes habían acumulado tras tantos años de cierre. Con infinita paciencia, se han vuelto a sacar a la luz los colores de las paredes y se han restaurado los brillos de los adornos dorados y de "plata corlada" (una técnica que da a la plata apariencia de oro) que embellecen las cornisas y el elemento central (pinjante) que cuelga de la cúpula.

Para culminar esta gran obra, la capilla ha dado un salto al siglo XXI. Los antiguos y obsoletos cables se han sustituido por un sistema de iluminación moderno que resalta la belleza de la cúpula y del retablo, y se ha instalado una nueva megafonía.

El resultado es un éxito: la Capilla de la Comunión no solo ha asegurado su supervivencia, sino que se ha convertido en un espacio más luminoso y accesible. El templo recobra su dignidad y vuelve a estar preparado para acoger, de nuevo, la celebración de los actos litúrgicos y la oración de todos los oriolanos.