Con gratitud y esperanza se ha clausurado la V edición de la Escuela Diocesana del Visitador, organizada por el SEMA en estrecha colaboración con la Fundación Hominum. Una vez más, esta iniciativa formativa se consolida como un espacio de encuentro, preparación y renovación para quienes desempeñan el delicado y valioso ministerio de la visita a los enfermos en nuestra diócesis.

Siguiendo la dinámica de los últimos años, las sedes formativas se desdoblaron para facilitar la participación de los visitadores procedentes de distintos puntos del territorio diocesano. Las sesiones se desarrollaron en el Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, en Villena, y en el Palacio Episcopal de Orihuela, lugares que ofrecieron un ambiente propicio para el estudio, la oración y la convivencia fraterna.

Durante dos fines de semana consecutivos, los participantes profundizaron en la identidad y misión del visitador de enfermos, reflexionando sobre la realidad del sufrimiento humano que acompaña su servicio y sobre las virtudes fundamentales necesarias para sostener el caminar humano y espiritual de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Las ponencias y los momentos de diálogo ayudaron a renovar la conciencia de que este ministerio es, ante todo, presencia cercana de la Iglesia que consuela, escucha y acompaña.

El broche a esta etapa formativa lo puso el Encuentro Diocesano del Visitador, celebrado el domingo 8 de febrero en la Basílica del Socorro, en Aspe, cita que tiene lugar cada dos años. La jornada comenzó con la celebración de la Eucaristía, presidida por don Francisco Cases, Obispo emérito de Canarias y paisano nuestro, quien, en una homilía cercana y profunda, animó a los presentes a ser “luz y sal” en medio del sufrimiento.

A continuación, la doctora Mª Asunción Cortés Barrera, médico perteneciente al Comité de Bioética del Hospital General de Elche y formada en comunicación de noticias y acompañamiento al final de la vida, ofreció una esclarecedora conferencia sobre el valioso papel de la fe en el final de la vida, subrayando cómo la dimensión espiritual constituye un apoyo esencial tanto para los enfermos como para sus familias. La jornada concluyó con la tradicional comida de hermandad en el restaurante Ya, momento de convivencia que fortaleció los lazos entre los asistentes.

El equipo SEMA ha querido expresar su sincero agradecimiento a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, al Palacio Episcopal y a la Basílica del Socorro por la atención y amabilidad con que se facilitó todo lo necesario para el buen desarrollo de las actividades. Su colaboración generosa ha contribuido decisivamente al éxito de esta nueva edición.

Ponemos los frutos de esta Escuela bajo la protección de Santa María, Salud de los enfermos, encomendándole el cuidado maternal de quienes sufren, de sus familias y de los visitadores y sacerdotes que, con entrega silenciosa, hacen presente la ternura de Dios en medio del dolor.