Desde el Secretariado de Familia y Vida se ha organizado la cuarta edición del Campamento Diocesano de Familias que tuvo lugar entre los días 20 y 23 de agosto en la Fundación Elena Santonja de Beneixama. Os dejamos unos testimonios de las familias participantes:

“El Campamento Diocesano de Familias 2025, celebrado en Beneixama, ha sido, un año más, un verdadero regalo de Dios. Durante cuatro días, matrimonios, niños, jóvenes, animadores y sacerdotes compartimos la alegría de ser 'iglesia doméstica', descubriendo que no hay mejor escuela de amor que nuestro propio hogar.

Bajo un clima de convivencia, oración, formación y diversión pudimos desconectar del ritmo diario, respirar y buscar ese tesoro, el gran tesoro, que nace del corazón.

Entre yincanas, comidas y celebraciones fuimos tejiendo un ambiente sencillo y profundo. No faltaron los juegos para los más pequeños, que disfrutaron de actividades pensadas para ellos (algunas pasadas por agua y barro), ni los momentos para los matrimonios, en los que pudimos renovar la certeza de que nuestro amor es reflejo del amor de Cristo. 

Pero el campamento no fue solo una experiencia de ocio; fue un lugar de encuentro junto a otras familias que comparten nuestros mismos valores y deseos de crecer juntos en la fe. Allí se palpó que la Diócesis no solo acompaña a las familias, sino que las cuida y las pone en el centro de su misión pastoral. Porque la familia no es un añadido, sino el corazón mismo de la Iglesia.

Al regresar a casa lo hicimos con la maleta llena: de amistad, de sonrisas, de fotografías, de fe compartida, de momentos inolvidables y del compromiso de seguir construyendo, día a día, un hogar donde reine el amor, la esperanza y la caridad.

Este campamento nos recuerda que, como dijo San Juan Pablo II, la familia es 'la base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden, por primera vez, los valores que les guiarán durante toda su vida'. Y en ese mismo espíritu, la Iglesia se descubre como una gran 'familia de familias', donde cada hogar es acogido y amado.”

 

Cristina y Cristian

 

¿Campamento de familias?

Supongo, que al igual que a mí, la idea puede parecer disparatada. Yo de niño nunca había ido a ningún campamento y la idea de hacerlo de adulto, y, además, hacerlo en familia, me parecía algo disparatado. Una buena amiga le recomendó a mi mujer que nos apuntáramos, y creedme, fue la mejor de las decisiones.

Fue una oportunidad de dedicar el 100% del tiempo a mi familia. De jugar con ellos siendo un niño más. Una oportunidad de poder ser un equipo, el mejor equipo, y lo mejor de todo; tener a Dios en el centro de todo el campamento. Conocimos a gente que comparte la misma manera de ver la vida a través de los ojos de la Fe. Pudimos ver y sentir, adultos y niños, que no estamos solos, que la Iglesia no está muerta (como muchos se empeñan en decir). Que la iglesia está viva, ¡y cada vez más viva!

Compartimos experiencias, dudas e inquietudes que nos hicieron crecer y sentirnos comprendidos. Tuvimos ratos de formación para los adultos que fueron un auténtico regalo. Una ayuda a seguir formándonos y creciendo en la Fe. Mi mujer y yo coincidimos en una cosa: fuimos con una familia de 5 miembros y nos volvimos con una mucho más numerosa, porque así nos sentimos, parte de una familia de familias. Podríamos decir que el campamento fue ¡UNA MARAVILLA!

 

Lidia y Abel

 

Hay fechas que después de un año de trabajo estás deseando que lleguen. Compartir tiempo en familia y hacer que ese tiempo te permita acercarte más a Dios y a tus hijos no tiene precio.  

Unidos en oración, en juegos y actividades.

La Santa Misa, presencia de Dios en nuestro día a día no puede faltar. Vivir la experiencia con familias que no conoces, te hace ver que sintiéndote hijo de Dios formas parte de una única familia. Familia de la que no te quieres separar ni un instante.  

Empezar el día en la capilla, para dar gracias y pedirle a Dios por todo lo que has vivido y te queda por vivir. 

Bailes, música, sonrisas, talleres. Conocer a jóvenes, que, como tú, aman a Dios. Los monitores, parte imprescindible de esta fiesta, entregan su tiempo y su corazón a la atención de las familias sin esperar recibir nada a cambio. Sólo y simplemente lo hacen por amor a Dios y al prójimo. 

Todo ello hace que no quieras que esos momentos vividos acaben. 

Los mayores disfrutan como niños y los niños se sorprenden de las locuras que hacen sus padres. Si hay una frase que pueda definir esta experiencia es... “papás, estas han sido las mejores vacaciones de mi vida”.

 

Jeny y Cristian